V 1983-2009. Soy de La Resistencia

Estándar

Después de ver el primer episodio de V me posiciono en La Resitencia. Sí, ya sé que hay un dogma que indica que es incorrecto juzgar una serie por su piloto, pero puedo valorar lo que he visto como una obra audiovisual independiente, porque lo es. Dicho esto, el piloto de V me pareció muy fallido, porque se presentó toda la información de forma precipitada, aún sigo intentando calcular cuál fue el tiempo narrativo del episodio desde que llegaron los visitantes y toda la humanidad estuvo de acuerdo con su propuesta hasta que se organizó la resistencia.

Entiendo que los del equipo creativo piensen que, en términos generales, no disponían de factor sorpresa porque suponen que gran parte de su audiencia vio la serie original en su momento, pero si sabían que necesitaban poner todas las cartas sobre la mesa en el estreno, habría sido mejor preparar un episodio doble. En realidad, da la impresión de que originalmente fue concebido así y que en algún momento empezaron a cortar escenas con tijeras de podar y a pegarlas entre sí con loctite.

Tenemos la experiencia con FlashForward muy fresca, y no puedo evitar identificar los mismos problemas narrativos en ambas, lo que parece que se está convirtiendo en un síndrome de las networks, o en este caso de la ABC, con los event drama:

  • Nula reflexión ante la trascendencia e implicaciones globales de los eventos
  • Un grupo de personas asumen el poder ante hechos que afectan a toda la humanidad ignorando el poder político
  • Uso y abuso de un recurso propio de los telefilmes: inserción de planos a modo de recordatorio que menosprecian al espectador
  • Descuido total del desarrollo de los personajes en favor de una sucesión de tramas. Han olvidado que los personajes son seguramente su elemento serial más valioso.

Ayer vi los 200 minutos que dura la miniserie original, y a pesar de las limitaciones técnicas y de presupuesto, es evidente que la metáfora del conflicto presentado en 1983 es mucho más compleja y está más inspirada. Es obvio que ahora tenían que adaptar el trasfondo textual con referencias contemporáneas, pero reducirlo a la guerra contra el terrorismo y las teorías conspiranoicas de infiltrados en las altas esferas de los poderes establecidos,  está más sobado que mi gato.

A diferencia de la miniserie, en la versión actual se plantea que los visitantes están infiltrados en la tierra desde mucho antes de su llegada manipulando y creando las condiciones de terror, desesperanza y desconfianza que facilitarán el cumplimiento de sus objetivos de destrucción. Esto puede ser interesante, pero por ahora descubrir quienes son cylons está siendo un poco predecible.

Me pareció curioso el cambio de sentido del elemento icónico de la V pintada con aerosol. En la miniserie era un símbolo de la resistencia, de rebeldía y de victoria, en la actual es una moda difundida por las redes sociales de los visitantes en el diabólico ente que es internet y seguida por los jóvenes simpatizantes.

Al igual que en FlashForward, en V los hechos se aceptan sin reflexión ni cuestionamientos. Llegan invasores de otra galaxia y, planteando los términos más básicos, no se hace ni la más mínima referencia a las repercusiones a nivel político, ningún mandatario hace declaraciones y ningún país pone sus ejércitos en alerta, ni siquiera las fuerzas del orden que estaban en la calle levantan sus armas para defenderse cuando se empieza a iluminar la nave. Vale, que es ficción y ciertas licencias están permitidas, pero una cosa es que no tengan la obligación de ser realistas y otra que desprecien el valor intrínseco de la coherencia y la lógica.

En la miniserie original, lo primero que pedían Los Visitantes era hablar con un portavoz oficial del planeta, un representante que en ese caso resulto ser el presidente de la ONU, en la vida real es obvio que una decisión así necesitaría meses de discusiones y nunca se alcanzaría la unanimidad, pero para efectos narrativos funciona. En la nueva versión de V después de que hacen la videoconferencia, toda la acción recae en un presentador de noticias fracasado, una agente del FBI y un sacerdote con dudas.

Entiendo el caracter localista de algunas referencias, porque el público americano es la audiencia directa de las series, pero el ofrecimiento de los visitantes de un sistema de asistencia médica universal fue uno de los momentos más hilarantes de este episodio, un absurdo que sólo podré entender si al final descubro que Los Visitantes son una metáfora de Obama. Otro gran momento fue el de los aplausos al finalizar las declaraciones de Anna desde la pantallaca de 10.000 pulgadas que cernía sobre sus cabezas. Después de vivir el 11S se quedaron todo el discurso justo bajo la nave como felices y confiados espectadores sin que los intimidara ni siquiera un poco, esos mismos que ven un hombre moreno con barba y temen que lleve una bomba bajo la chaqueta.

Ya sabemos que Los Visitantes tienen una agenda oculta, sabemos que bajo su epidermis aparentemente humana se esconden seres verdes, sabemos que son manipuladores y que habrá una lucha entre ellos y los valientes humanos que conformen la resistencia, que habrá traidores, desertores y conversos. Si no pueden sorprendernos con los detalles principales de la trama, tienen que esforzarse para contarnos una buena historia a través de personajes cuyo destino nos importe, no puede dejarnos indiferentes que ganen, pierdan, sufran tormentos o sean felices.

Tienen un material impresionante para hacer una buena serie de ciencia ficción que aborde las preocupaciones y temores del ser humano, sin necesidad de acercarse al nivel de profundidad y al espíritu pesimista de Battlestar Galactica. Tengo muchas ganas de ver la serie, pero porque creo que los recursos técnicos y presupuestarios actuales pueden permitirnos disfrutar la historia que cuenta V con un nivel de producción que no tenía a mano su predecesora. Espero ver algo de esto a partir del segundo episodio, pero si sigue por el camino de blockbuster barato que ha mostrado, amigos, es preferible revisionar la serie clásica o, mejor aún, leer El Fin de la Infancia de Arthur C. Clarke.