Westworld, quién decides ser cuando eres libre de ser quien quieras

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(puede contener spoilers del 1×01 y 1×02)

Después de ver los dos primeros episodios, el maravilloso potencial temático que tiene Westworld entre sus manos me estimula, me excita y me emociona. Y no estoy hablando de los ya varios misterios plantados, como la dualidad de William y el hombre sin nombre, lo qué ocurrió hace 30 años, cuál es el objetivo de la existencia del parque para cada uno de los implicados, si todo está ocurriendo en la misma línea temporal, o si están bajo tierra o en otro planeta… eso es seguramente lo que menos me interesa, y no precisamente porque sea poco interesante, todo lo contrario. Pero es que los dilemas filosóficos y éticos que plantea Westworld son muchos, son apasionantes y abren un universo de posibilidades: la identidad y la conciencia del propio ser (con todo lo que eso significa cuando se acumulan experiencias y estas son traumáticas, cuando eres objeto y no sujeto de tu historia), el libre albedrío: en qué se convierte una persona cuando sus actos no tienen consecuencias, quién decides ser cuando eres libre de ser quien quieras…

“It means when you’re suffering, that’s when you’re most real”.

La pregunta qué es lo que nos hace humanos funciona en Westworld a dos niveles. Obviamente, en el de lo que representa con relación a las inteligencias artificiales pero también, y más importante, en el de los humanos, a los que la humanidad les viene dada de forma inherente: los que visitan el parque, seres incapaces de sentir empatía y que, paradójicamente, son totalmente inhumanos. Cuando estás creado para parecer humano, y las referencias reales, aquellos de los que puedes aprender, y a quienes deberías imitar, te dan el peor ejemplo posible, los resultados deberían ser catastróficos. O, quizá, ante la libertad de elección, pueden demostrarnos que son mejores personas que nosotros. Visto lo visto, les otorgo el derecho a ser quien decidan, me parecerá bien.

La serie se suele referenciar con otras producciones del género como Blade Runner, Battlestar Galactica, HumansDollhouse es otra buena referencia desde el principio. En aquel caso, a cuerpos humanos se les borraba su propia identidad y se cargaban con otras, a petición del pagador. Además de ese paralelismo, en el segundo episodio hay dos momentos concretos que me recuerdan a la serie de Whedon, el de un personaje que presencia una carnicería y una conversación que recuerda a cuando nos preguntábamos quién era activo y quien no.

“Is that what you’re doing now? Practicing?”

Una infección biológica, esta frase y la conversación con un mini yo en el desierto, plantean la posibilidad de que los trabajos no estén limitados al diseño de androides, sino también de una expansión de la vida tal como la conocemos, de forma que no esté limitada y atada a la existencia de un cuerpo orgánico al nacer, sino que pueda descargarse de forma digital y seguir evolucionado. Pero, con la enorme cantidad de caminos que tiene la serie por explorar, lo que me ha enamorado desde el principio es nuestra heroína: Dolores.

westworld dolores mosca

El efecto mariposca
La escena final del primer episodio con Dolores, no sólo funciona (de forma maravillosa y sencilla) para demostrar que ha mentido durante su revisión, o que es capaz de rebelarse contra la primera ley de la robótica, de alguna forma, parece que es también una reacción emocional de rabia e inconformidad al ver el cambio (y ser consciente de él) que han provocado en su storyline. Una reacción emocional que no está programada para el servicio de los visitantes, por lo tanto, es una reacción voluntaria, porque no está escrita en su código, y al mismo tiempo involuntaria, pero porque proviene de su ser, es espontánea y ella no la puede controlar.

“Some people choose to see the ugliness in this world, the disarray. I choose to see the beauty. To believe there is an order to our days. A purpose”.

Esta frase que dice (varias veces) Dolores en el primer episodio, adquirió para mí un nuevo significado al contraponerla con lo que le ocurre a otro personaje en el segundo episodio. De alguna forma, parece que ella ha encontrado una forma de procesar lo que le pasa, de lidiar con su trauma y si es así, ha conseguido algo impresionante. Dolores es impresionante. El test de Turing funciona en su caso a otro nivel: no está en juego que “la máquina” sea capaz de engañar al interlocutor para que sea difícil distinguir si es humana o no, es que es tan humana, que es capaz de engañarlo para hacerle creer que es una máquina. Maravilloso.

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