Luke Cage, el poder de una imagen

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(sin spoilers)

¿Qué buscamos en una serie? Cada uno de nosotros tiene una respuesta diferente. Y esa respuesta puede variar dependiendo del momento del día o de la vida en el que estemos; podemos buscar entretenimiento, que provenga de una historia con gancho, o también de una muy mala, que tenga unos personajes que nos caigan bien, o unos en los que podamos descargar nuestro odio; podemos buscar que nos sorprenda con sus juegos narrativos o que nos flipe con sus alardes técnicos; podemos buscar la confianza que nos dan sus creadores y guionistas o las convenciones de un género que nunca nos falla; puede ser simplemente un ruido de fondo, algo que no exija nuestra atención y que nos acompañe mientras hacemos otras cosas.

¿Qué busco yo en una serie? Como vosotros, quiero disfrutar los episodios cuando los veo, después de todo, les estoy dedicando parte de mi tiempo libre y bien podría emplearlos en otra cosa o, simplemente, en echar una siesta o irme a dormir más temprano. ¿Y qué me hace disfrutar una serie? Una buena historia, ya sea enrevesada, o sencilla como un día rutinario. Me gustan los personajes bien dibujados, tan adorables que me gustaría que fueran mis amigos; detestables, o a los que tema; tan complejos que me reten a intentar entenderlos; o que sean un poco de todo eso cada vez. Me gusta quedarme embelesada con lo que han dejado encuadrado y con cómo se mueve o no la cámara en cada momento. Pero, sobre todo, y cada vez más (y esto era algo con lo que no contaba cuando empecé a ver series como si me fuera la vida en ello), lo que más me gusta es saber que las series pueden ampliar la visión reducida de mi mundo; que pueden abrirme los ojos a otras formas de vivir, de pensar y de ser; que pueden despertar mi consciencia ante la injusticia, la discriminación, el dolor de la realidad de otros, que me hagan pensar en cosas que ni siquiera había contemplado antes. Y eso me gusta porque, llamadme ilusa por ello, creo que tal como consigue ese efecto en mí, espero que también lo haga en otros porque, si la ficción crea referentes en el imaginario colectivo alrededor de formas de relacionarnos, del sexo y de costumbres sociales, está claro que es una herramienta poderosa para cambiar nuestra forma de pensar y ver el mundo.

Independientemente de lo que busquemos o esperemos cada vez que vemos una serie, más allá de su premisa y de la historia que cuenta, más allá de aquello con lo que nosotros decidamos quedarnos, cada serie, sin importar lo prestigiosa que sea, o lo serio o no de su temática, tiene un discurso. Todas las obras de ficción lo tienen, sean (o quieran ser) o no conscientes de ello. Cada historia está contada con un punto de vista que nos muestra una forma particular de ver el mundo; un punto de vista que hace que nos fijemos en ciertos detalles y situaciones, o que los ignoremos, pero que siempre guía nuestra mirada para que los leamos de una forma u otra, ya sea para llamarnos la atención de forma militante, o para perpetuar estereotipos. Nosotros como espectadores debemos cuestionar esos discursos y reconocer su importancia, aunque estemos ante un producto cuyo principal objetivo es entretener. Si alguna vez habéis escuchado el podcast Del Sofá a la Cocina, ya estaréis cansados de que lo digamos una y otra vez, es una cosa sobre la que nos gusta llamar la atención. No me molesta que me llaméis pesada por ello.

No os he engañado con el título del artículo. Todo este rollo, si habéis tenido paciencia para llegar hasta aquí, está motivado por la primera temporada de Luke Cage (y por la tercera de Transparent, o lo que he visto de Atlanta, pero eso lo dejo para otro día). Podemos decir que Luke Cage, como todas las series de Marvel-Netflix, podría beneficiarse de temporadas un poco más cortas. Que siendo Netflix, no tiene porqué obligarse a hacer temporadas con un número de episodios específicos, y que reducirlos, repercutiría en una experiencia total más satisfactoria para el espectador. Podemos hablar sobre algunas tramas fallidas. Algunos dirán que les gusta más Daredevil, que les (me) gusta más Jessica Jones, aunque en realidad no tengamos que, ni por qué, elegir entre una y otras. Pero hay algo que he amado en esta serie (además de sus personajes femeninos), y es aquello de que os hablaba hace un momento: su punto de vista y su discurso, son conscientes, militantes, poderosos y emocionantes. #BlackLivesMatter.

luke cage héroe encapuchado

Sin entrar demasiado, y no porque no sea importante y relevante, en que es una serie dirigida al público general (y que no es una comedia), protagonizada por actores de raza negra: los buenos, los malos y los peores; cuyo protagonista, el héroe, es negro, un hombre de fuerza sobrehumana, un hombre negro que intimida con su presencia, pero que no dice tacos, un hombre con una escoba en la mano limpiando pelos en una barbería y lavando platos con un delantal, sin que eso lo haga sentirse menos hombre, ni menos persona. La serie es consciente en todo momento de la realidad que quiere retratar, y quiere que nosotros también lo seamos, por eso se sitúa en Harlem, aunque sea un universo fantástico.

Luke Cage detiene nuestra mirada en la injusticia social, en el daño terrible que hace un estereotipo y lo fuertemente que están fijados culturalmente. Luke encapuchado resiginifica la imagen del hombre negro, siempre sospechoso, a quien la policía se ha acostumbrado a disparar sin preguntar. Luke encapuchado se convierte en icono y en símbolo inmediatamente, es sin duda una de las imágenes más poderosas del año de series.

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