La cuarta pared de Fleabag

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Fleabag es una comedia británica de 6 episodios escrita, protagonizada y producida por Phoebe Waller-Bridge y adaptada de una obra de teatro del mismo nombre y con los mismos créditos. Para hablar de la serie, podría abordar diferentes enfoques, y hay varios artículos en los que os darán el número de razones que cada autor considere necesarios para convenceros de que la veais. Podría hablar del tono, Fleabag es divertida, irreverente, sarcástica, tiene mucho humor negro y algunos toques surrealistas. Si quisiera describir al personaje protagonista, podría decir que es lo que algunos llamarían una mujer moderna, que vive sin complejos su sexualidad; puedo decir también que es una mujer complicada, irrespetuosa y egoísta, con muchos defectos y que no se disculpa por ellos, porque nadie espera que los hombres lo hagan.

La serie habla de represión sexual, de liberación sexual, de dependencia sexual y de infelicidad en todos los casos. Habla sobre relaciones familiares, de pareja y entre hermanas. Nos muestra diferentes tipos de mujeres intentando navegar su vida, mientras la serie hace comentarios sobre el sexismo, dobles estándares y sobre el feminismo. Se ríe por los precios que tienen las cosas por el lujo de vivir en Londres y habla sobre los problemas económicos de una joven que intenta hoy mantener a flote un negocio propio, que es a la vez una metáfora de su vida y un recordatorio de errores cometidos. Unos dirán que Phoebe es la Lena Dunham británica o que la serie es la Catastrophe que habla sobre una mujer soltera. Que es una comedia loca, que es una comedia muy triste. Todo nos sirve para definir la serie. Hoy quiero destacar el punto de vista elegido para contar la historia y el recurso narrativo elegido para hacerlo: la ruptura de la cuarta pared, un recurso que estamos viendo otras series en emisión como House of Cards y Mr. Robot, y que en Fleabag lo es todo. Esta historia, como todas, podría contarse de muchas formas, pero para mí no había una mejor que esta.

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Vivimos en un mundo de apariencias, de primeras impresiones en el que es muy fácil hacer reconstrucciones de nuestra identidad para proyectarla a los demás; nuestras vidas, como la ficción, tienen narrativa y punto de vista: los demás verán lo que nosotros queremos que vean. Y eso es lo que hace Fleabag. Cuando empezamos a ver la serie y su protagonista nos habla, nos convierte en sus cómplices. Con su sonrisa y su cinismo nos describe a la gente que la rodea, anticipando lo que van a decir o a hacer; parece segura de sí misma, parece que pasa de todo, que lo controla todo, que lo comparte todo con nosotros. Tenemos la sensación de que nos ha abierto las puertas de su vida y de sus pensamientos, y nos reímos de las situaciones que vive y de los peculiares personajes que habitan su pequeño mundo. Lo que parece un ejercicio de honestidad descarada, es en realidad un mecanismo de defensa con el que intenta justificar sus acciones ante nosotros, mientras se pregunta si hay una forma de reconciliarse consigo misma. La cuarta pared en Fleabag no está hecha de un material fino y cristalino que nos permite verlo todo: está distorsionado y, cuando se rompe de verdad, lo hace en mil pedazos. Y con él, nosotros.

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