La narrativa maleable de True Detective

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[Esta entrada no contiene spoilers]

No compré el primer episodio de True Detective. Estaba escéptica ante una historia, por mucha factura HBO que tuviera, de dos detectives, incluido uno con pasado atormentado, que debían investigar el asesinato de una prostituta.

Pero con el segundo episodio, y después de ver nuevamente el primero, cambio mi perspectiva con relación a la serie. No fue un giro dramático, una pista misteriosa sobre el caso o la evolución sorpresa de ningún personaje. Lo que despertó mi interés, fue descubrir las referencias continuadas a la narrativa y a los elementos con los que construimos las historias por parte de los personajes. Una metanarrativa que el autor, Nic Pizzolatto, introduce a modo de juego cómplice con el espectador y que, para mí, se convierte también en parte importante de su discurso.

“Once you attach an assumption to a piece of evidence,

you start to bend the narrative to support it.”

Semana a semana, True Detective nos fue proporcionando los elementos que, como espectadores, necesitábamos para determinar hasta qué punto podíamos confiar en la veracidad de los hechos narrados por unos personajes que fueron protagonistas directos y que nos los estaban contando 17 años después. Durante los siete episodios que hemos visto hasta el momento en el que escribo este artículo, he sido testigo de un interesante ejercicio en el que la serie ha utilizado de forma ejemplar el punto de vista de sus narradores-personajes, aprovechando todos los recursos narrativos que le ofrece el medio audiovisual para que nosotros pudiésemos reconstruir la historia de la misma forma en la que lo hacen los detectives de 1995 y 2012. Y al igual que ellos, una vez nos decantamos por un sospechoso, encontraremos pruebas en la serie que se ajusten y validen nuestra teoría.

True Detective, tal como lo hacía la obra a la que se refiere The King In Yellow, ha conseguido enloquecer a legiones de seguidores de la serie. Un hecho comprensible, porque utiliza imágenes simbólicas, elementos icónicos de naturaleza ritual, y una ideología filosófica y metafísica por parte de uno de sus personajes centrales. Y también cuenta a su favor con algo de lo que cualquier responsable de un producto siempre podrá sentirse orgulloso: conseguir de forma automática un aura de credibilidad por la que el espectador asume que nada de lo que aparece en pantalla es casual y todo tiene una razón de existir y un significado.

He leído muchas de las teorías que circulan por la red. Seguro que vosotros tenéis las vuestras u otras que coinciden con una o varias de las que ya existen. Para mí, True Detective es una historia sobre cómo se cuentan las historias, de cómo nos contamos historias a nosotros mismos para crear una versión del mundo en el que es menos doloroso vivir y de cómo afectan a los personajes y a los espectadores estas historias contadas.

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A falta de un episodio para que finalice la serie, aún hay muchos que discuten sobre sus posibles finales e intentan identificar a todos los sospechosos que han aparecido o se han mencionado en ella. El horror del que se nos ha hablado, implica a tantos culpables y ha dejado tantas víctimas a través de los años, que el caso resulta casi imposible de resolver: “Time is a flat circle.”, “Nothing is solved.” Aquí no estamos investigando un asesinato, ni a un asesino en serie, estamos hablando de seres humanos monstruosos que se han dedicado a destruir, de la forma más terrorífica y despreciable, la vida de niños inocentes y a esparcir esa semilla de destrucción como un virus incurable. El horror cósmico. 

Todas esas torturas y muertes han permanecido silenciadas durante décadas. Niños pobres, hijos de familias desestructuradas por los que nadie se preocuparía, unas víctimas perfectas. Niños invisibles que seguirían siendo ignorados una vez adultos, fantasmas condenados a vivir en su pesadilla eternamente, a menos que decidan pensar que todo fue un mal sueño.

Así como los personajes que habitan la serie decidieron ignorar todo este horror, ya fuera por intereses personales, porque no querían perder el tiempo en casos por los que nadie iba a pedir explicación, o porque simplemente fuera más cómodo mirar hacia otro lado, nosotros también nos hemos distraído pensando en espaguetis verdes, en estrellas negras, reyes amarillos y cualquier elemento que aparece en el fondo. A nadie le importan las víctimas y eso, en el mundo ficticio y el real, da mucho miedo. Y siento que esta idea forma parte del discurso de la serie.

Dice la teoría que las series están hechas para entretener y que no debemos buscar más allá, ni tampoco intentar descubrir y analizar las intenciones de un escritor, que en la mayoría de los casos nunca llegaremos a conocer. Entretenernos con el whodunit y la mitología debería bastar, pero cuando algo me gusta, no puedo evitar hacer esas cosas. Y es algo de lo que no me arrepiento, porque a mí las cosas que me estimulan intelectualmente son las que más me entretienen. Cada loco con su tema.

Puede que mi elección de ver la serie con esta perspectiva, sea solo otra de las formas de, y parafraseando la línea que dice uno de los personajes en el primer episodio, “encajar las pruebas que se ajusten a mi teoría del caso”, pero es lo que más he disfrutado. Veamos qué nos depara a todos el último episodio, intentaré escribir sobre el final durante la semana. Y, porque me gusta recordar cómo empiezan las series y películas una vez se acaban, os dejo con la primera frase que escuchamos en True Detective: “You don’t pick your parents…”.

P.D. En este episodio de Del Sofá a la Cocina, puedes escuchar nuestra valoración sobre el final de True Detective.

4 comentarios en “La narrativa maleable de True Detective

  1. sofia martínez

    ¡Muy, muy buena! Es una serie fuera de serie, además las frases que ha tenido la primera temporada sin duda inmortalizaron la historia. En la nueva etapa se ve que se va a poner bueno.

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